Tres ratones ciegos by Christie Agatha

Tres ratones ciegos by Christie Agatha

Author:Christie, Agatha [Christie, Agatha]
Format: epub
Tags: Unknown
Publisher: Unknown
Published: 2009-12-28T22:22:40+00:00


Tres Ratones Ciegos,¡Van tras la mujer del granjero!

Ved cómo corren.

les..

Se interrumpió.—¡Oh, es horrible... horrible! Eran tres niños, ¿verdad?

—Sí, señora Davis. Un muchacho de quince años, una niña de catorce y el niño de doce, que murió...

—¿Qué fue de los otros dos?

—Creo que la niña fue adoptada, pero no hemos conseguido dar con su paradero. El muchacho tendrá ahora unos veintitrés años. Hemos perdido su rastro. Se dice que siempre fue un poco... raro. A los dieciocho años se alistó en el Ejército, para desertar más tarde. Desde entonces no se ha sabido de él. El psiquiatra del Ejército dice que, desde luego, no es normal.

—¿Y usted cree que haya sido él quien asesinó a la señora Lyon? —preguntó Giles—. ¿Y que es un maniático homicida que puede venir aquí por alguna razón desconocida?

—Supongo que debe haber alguna relación entre alguno de los que viven aquí y el caso de Longridge Farm. Una vez hayamos establecido esta relación, podremos prevenirnos. Usted declara que no tiene nada que ver con ese caso, ¿verdad? Y usted lo mismo, ¿eh, señora Davis?

—Yo... oh, sí..., sí...

—¿Quieren decirme exactamente quiénes habitan en esta casa?

Le dieron los nombres. La señora Boyle, el mayor Metcalf. Cristóbal Wren... Y el señor Paravicini. El sargento los fue anotando en su libreta.

—¿Criados?

—No tenemos criados —repuso Molly—. Y eso me recuerda que debo subir a pelar patatas.

Y salió de la habitación a toda prisa,

Trotter miró a Giles.

—¿Qué sabe usted de esas personas?

—Yo... nosotros... —Giles hizo una pausa antes de agregar con calma—: La verdad es que no sabemos nada de ellos, sargento. La señora Boyle escribió desde su hotel de Bournemouth. El mayor Metcalf desde Leamington. Míster Wren desde un hotel particular de South Kessington. El señor Paravicini surgió de la nada... o mejor dicho, de entre la nieve... Su automóvil había volcado a causa de la ventisca, cerca de aquí. No obstante, supongo que tendrá tarjetas de identidad, cartilla de racionamiento o alguno de esos papeles.

—Ya lo averiguaremos, desde luego.

—En cierto modo es una suerte que haga tan mal tiempo —dijo Giles—. Así el asesino no podrá llegar hasta aquí, ¿no le parece?

—Tal vez no le sea necesario venir, señor Davis.

—¿Qué quiere decir? —repitió.

El sargento Trotter vaciló unos instantes y luego dijo:

—Tenemos que considerar que es posible que ya esté aquí.

Giles le miró sorprendido.

—¿Qué quiere decir? —repitió.

—La señora Greeg fue asesinada hace dos días. Y todos sus huéspedes han llegado aquí después, ¿verdad, señor Davis?

—Sí, pero habían reservado habitación... algún tiempo antes... todos, excepto Paravicini.

El sargento Trotter suspiró. Su voz denotaba cansancio.

—Estos crímenes fueron planeados de antemano.

—¿Crímenes? ¡Pero si sólo se ha cometido uno! ¿Por qué está tan seguro de que haya de haber otro?

—Lo habrá... No; espero evitarlo. Pero se intentará, estoy seguro de ello.

—Pero entonces.., si está en lo cierto —Giles habló muy excitado—, sólo hay una persona que puede ser el asesino. La única que tiene la edad precisa: Cristóbal Wren.



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